La situación de los ríos de la zona empieza por fin a dar un respiro tras días marcados por las crecidas, aunque el descenso del caudal no significa todavía la recuperación de la normalidad. El gran tapón de restos acumulados en el Jamuz, el agua que sigue encharcando cultivos pendientes de cosecha y las restricciones de abastecimiento en Alija del Infantado mantienen muy viva la inquietud.
Cuando este lunes el Jamuz volvió a desbordarse, no sorprendió a nadie. No fue un fenómeno imprevisible ni una fatalidad inevitable. Fue la consecuencia directa de no haber permitido actuar cuando aún había margen para evitarlo.
Las intensas lluvias de los últimos días hicieron saltar todas las alarmas y el temor de muchos pueblos acabó cumpliéndose. Las crecidas registradas este lunes en varios ríos de la comarca dejaron imágenes preocupantes, con Jiménez de Jamuz como el pueblo más afectado tras el desbordamiento del río, que volvió a inundar por completo su zona deportiva, como ya hiciera el pasado verano. El Eria y el Órbigo también mantuvieron en vilo a numerosas localidades de León y Zamora.
La preocupación por el estado del río Jamuz se intensifica en los municipios más afectados por los incendios del verano. Los alcaldes de Alija del Infantado y Quintana del Marco han solicitado a la Confederación Hidrográfica del Duero que actúe con urgencia para limpiar el cauce, ante el riesgo de retenciones y desbordamientos que podrían dañar cultivos, viviendas e infraestructuras. Esta petición se suma a la remitida ya hace unos meses por la alcaldesa de Santa Elena de Jamuz, que ya había alertado del peligro tras las lluvias torrenciales del pasado julio.