Alija volvió a casarse con su historia

La Boda Tradicional del Hilandón volvió a reproducir de forma fidedigna los antiguos esponsales, en una fiesta multitudinaria
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Momento de los esponsales, en el atrio de la iglesia de San Esteban

Alija del Infantado volvió a convertirse este fin de semana en un escenario vivo de su propia historia, con cientos de participantes y público llegados de distintos puntos de la geografía española, que no quisieron perderse una de las citas más singulares del calendario.

La jornada dejó cientos de imágenes para el recuerdo en esta edición de la Boda Traidicional del Hilandón, que cumple once años y diez celebraciones. 

Arcadio y Everilda —interpretados por Antonio y Bea— fueron los grandes protagonistas de una representación que volvió a destacar por su cuidado y fidelidad a las costumbres de antaño. Antes de partir, la casa del novio se convirtió en un punto de encuentro festivo, con reparto de dulces típicos y moscatel, bailes y continuos vítores que calentaron el ambiente.

Uno de los momentos más emotivos llegó en casa de la novia, donde se desveló la identidad del padrino: su propio padre, Miguel, quien acompañó la escena con una sonrisa cargada de orgullo, mientras Everilda, radiante, recibía a la comitiva.

La recreación volvió a mostrar uno de sus rasgos más valorados: el rigor con el que se representa la boda tradicional. Desde el camino hacia la iglesia de San Esteban al son de las “jarcas” hasta el desarrollo de los esponsales, primero en el atrio y después en el interior del templo, todo siguió un guion fiel a cómo eran estas ceremonias antiguamente.

En el atrio no faltaron tampoco los momentos de humor, con cánticos dirigidos al cura y al sacristán para que comprobasen que las arras estaban completas, en ese equilibrio entre respeto y tono distendido que con tanta maestría maneja El Hilandón en todos sus eventos.

Ya en el interior, el “cura” ficticio —interpretado por Roberto— volvió a incidir en el carácter histórico de la representación, explicando que el ritual no es una invención, sino una recreación documentada de cómo se celebraban estas bodas antaño. Uno de los instantes más simbólicos fue, de hecho, el momento en el que cubre a la pareja con el tradicional “yugo” blanco, reflejo de esa fidelidad a las formas antiguas que define al conjunto.
 

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El ritual es totalmente fiel a las bodas de antaño

Durante su intervención desde el púlpito, el “cura” también hizo una alusión directa a la polémica del pasado año, para insistir en que el acto se realiza desde el respeto: “Todos los que estamos aquí somos cristianos”, señaló, dejando claro que el público es consciente de que se trata de una representación y no de un sacramento real.

En las preces, hubo un momento muy emotivo, en recuerdo de Pepa “la Gata”, histórica del Hilandón, que disfrutaba de esta boda como nadie, y que tristemente falleció el pasado diciembre, aunque su espíritu estuvo presente en todo el evento.

A la salida de la iglesia llegó una de las escenas más esperadas: el baile de esponsales o “Pájaro madre”, que este año brilló con especial fuerza. La compenetración y la calidad en el baile de Antonio y Bea, los actores que encarnaron a los recién casados, elevaron aún más este instante, arrancando una ovación del público y convirtiéndolo en uno de los puntos más destacados y emocionantes de la jornada.

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Los novios bailan el “Pájaro madre" ya como recién casados / Foto de Emily Pérez Cela

Otra imagen especialmente significativa fue la recuperación del traslado de la novia en carro hasta la casa del banquete, conducido por el propio novio, una estampa que añadió un plus de autenticidad a la celebración.

Ya en la casa, el protagonismo pasó al canto de los presentes, con regalos de todo tipo y ese característico toque de humor que forma parte inseparable de la tradición, y en la que los grupos llegados de diferentes lugares –Albacete, Asturias, o Segovia, entre otros– hicieron gala de los cantos más típicos de sus regiones.

La fiesta continuó con el baile popular, acompañado de la degustación de margaritas, bollos de cucharada y bollos de antruejo, todos ellos elaborados por el Hilandón, y maridados con un dulce moscatel y refrescos.

Ahora, toca esperar un año para conocer la identidad de la nueva pareja que se dé el “si, quiero” de la mano del Hilandón, como este sábado lo hicieron con tanto éxito Arcadio y Everilda. Mientras tanto, podemos disfrutar de las fotos de esta memorable edición, gritando aquello de “¡Viva la boda!”

 

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