Felechares de la Valdería cerró este lunes sus fiestas en honor a Santa Elena tras cuatro días que lograron devolver un poco la alegría a uno de los pueblos más castigados por el fuego el pasado verano.
El contraste visual del colorido de los pendones, subiendo hacia la ermita en la procesión del domingo, frente al negro de los árboles calcinados, fue la estampa más llamativa –y emotiva– del día grande, el domingo, convirtiéndose sin querer en símbolo de la resistencia de un pueblo que no se rinde ni ante la mayor de las adversidades.
El grupo Alantre puso la música a una jornada que nadie del pueblo quiso perderse, fieles a la tradición. Tras la misa, la fiesta se alargó con el baile vermut, para dar paso a una animada y deportiva tarde.
La afluencia de público ha sido constante desde el inicio del fin de semana. El sábado por la noche, el concierto de La Última Legión cumplió con las expectativas y llenó el recinto festivo, manteniendo el ambiente hasta que la discoteca móvil Sonho tomó el relevo en la madrugada.
El deporte también tuvo su espacio con el XL Aniversario del Campeonato de Motocross. El circuito de Felechares, que celebraba una cifra histórica de cuatro décadas, volvió a rugir con las pruebas puntuables para la Copa de Castilla y León. Las categorías de clásicas fueron las que más miradas atrajeron, reuniendo a cientos de aficionados que no quisieron perderse esta cita ya inseparable de la identidad de la Valdería.
La jornada de este lunes devolvió la fiesta a las calles del pueblo con un programa más reposado. Por la tarde, las partidas de subasta, el cabrón y las calvas han concentrado la atención de los más veteranos, mientras que los juegos infantiles ocupaban a los más pequeños.
Antes de la despedida final, se celebró el sorteo del Ramo de Santa Elena, realizado por la Panadería Justel, y el ya clásico concurso de tortillas.
Con el reparto de las sopas de ajo y la traca de medianoche, Felechares despidió unos días donde el brillo de la tradición ha logrado imponerse a la ceniza del monte.
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