El ramo y la subasta de la entrada a la ermita protagonizan el día grande de las Fiestas del Cristo

El Cristo regresó a la ermita en procesión, acompañado de la Virgen y, esta vez, también del ramo
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El ramo se cantó en la iglesia de San Verísimo, antes de salir en procesión

Un año más, Alija del Infantado inició el mes de mayo con una de sus fiestas más emblemáticas y queridas: las del Bendito Cristo. Podría decirse que, al contrario de lo que sucede con otras celebraciones, el tiempo en esta se ha parado, fiel a la tradición y a las más bellas costumbres de antaño, como demuestra el Ramo que, este año, ha recuperado la familia Hidalgo Río, y que ha presidido la imponente procesión de regreso a la ermita, junto a la imagen del Cristo y la de su madre, la Virgen María.

Según explica la citada familia, que fueron los devotos de este año, el ramo se había perdido hasta que en 2017 lo recuperó Sardo, y en 2018 lo hizo Aurita. Desde entonces, no se había vuelto a  ver hasta ahora, en que se hizo con roscas totalmente caseras, y que fue cantado en la iglesia de San Verísimo por diversos miembros de El Hilandón.

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La familia devota, los Hidalgo Río, posan junto al ramo y a otros miembros de la cofradía, antes de la celebración

Ya a la llegada de la comitiva a la ermita, tuvo lugar uno de los eventos que hacen única y más especial, si cabe, esta celebración: la subasta para “entrar” la imagen del Cristo a la ermita, a la puerta del templo, que siempre despierta la curiosidad de todos por ver quién pujará más alto. Este año, fueron 550 euros.

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La procesión recorrió las calles del pueblo de vuelta a la ermita

La parte lúdica del día grande de la fiesta corrió de nuevo a cargo de un incondicional de Alija, que, aún con su apretada agenda, reserva siempre esta fecha en el calendario para cantar para los suyos, en su pueblo natal: el artista Bernard Valera, quien amenizó el gran baile del sábado por la noche, hasta altas horas.

El domingo Alija del Infantado se despidió de esta fiesta que comenzó ya hace más de una semana con la Novena, recordando por la mañana a los difuntos de la cofradía del Bendito Cristo con una Misa ya en la ermita, seguida del clásico vermut. 

Por la tarde, el broche final lo puso la Orquestina del Órbigo, con un baile que comenzó más temprano, pues el lunes ya era día laborable y había que trabajar.

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