Como tristemente sucede en otros pueblos, Alcubilla de Nogales había perdido la tradición del mayo. Pero hace tres años, para alegría de sus habitantes, recuperó de la mano de la asociación Valle Grande. Y, aunque no es una fiesta tan multitudinaria como las de verano, o como el mayo en otros pueblos, la ilusión con que lo viven lo compensa.
Este año, prepararon un completo programa que arrancó a las diez de la mañana con una quedada en las Eras para ir a buscar el chopo. A las dos y media, para reponer fuerzas, disfrutaron de una buenísima fabada asturiana con su sidrina y postre, para luego fabricar los muñecos del mayo, que se comenzó a levantar a las ocho de la tarde, que apretaba menos el calor.
Aunque con alguna dificultad logística –el dueño de la manitou que se usaba normalmente no estaba en el pueblo y hubo que usar un pequeño tractor–, los mayos, chico y chica, quedaron “plantados” en su chopo en mitad de la plaza, en un agujero hecho específicamente para ellos. “Cuando hicieron obras dije que lo dejaran para el mayo”, comenta satisfecho el alcalde.
Con sus 14 metros de altura, los alcubillenses saben que su mayo no es el más grande, pero para ellos es, sin duda, el más bonito... Sobre todo para los habitantes de más edad, como Isabel y Nati, que recuerdan que, cuando eran mozas, “nos íbamos a dormir el 30 de abril, y al despertar la mañana del 1 de mayo, lo teníamos ya en la calle”.
Isabel explica que por aquel entonces se hacía “todo a mano”, incluso el traslado el chopo a la plaza, que se hacía “con bueyes o incluso al hombro”, aunque su amiga Nati añade que “era un chopo más pequeño”.
No saben el tiempo que llevaba esta tradición en el pueblo, “que se había perdido y estos chicos tan majos han recuperado”, pero recuerdan que ya sus padres les contaban que de niños se ponía el mayo. “Es algo de toda la vida”, añaden, deseando que perdure la tradición.
Este largo fin de semana sirvió también para que otros pueblos zamoranos rozaran el cielo con sus respectivos mayos. En Coomonte y Fresno de la Polvorosa fueron de los más madrugadores, fieles a la tradición de colocar el mayo el mismo día 1, aprovechando que además es festivo. En el primer caso, se coronó con la bandera de Coomonte, que con tanto orgullo luce el pueblo.
En otros pueblos esperaron al sábado, como Arrabalde, donde por la mañana se cortó el chopo, y a las seis de la tarde se levantó el mayo, eso sí, con ayuda de maquinaria, en la plaza del pueblo. Este año, junto al muñeco, más abajo, se ha instalado un cartel para desear un buen año de cosechas a los agricultores, rescatando así la costumbre que, hace ya siglos, dio origen a este ritual, por el que se pedía que la campaña en el campo fuese abundante. ¡Ojalá se cumplan los deseos!
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