Cuando los voluntarios de la ONG Inca Mallorca Solidaria llegaron a Felechares de la Valdería el pasado verano, el paisaje todavía olía a humo. Venían con alimentos y recursos para los vecinos que lo habían perdido todo en los incendios. Pero, entre todas las historias que escucharon aquellos días, hubo una que les sobrecogió especialmente: la de Álvaro, el apicultor que asistió impotente a cómo el fuego arrasaba sus colmenas.
Ante aquella situación, decidieron ayudarle de una forma poco habitual. Compraron todo su stock de miel al doble del precio de mercado con la intención de venderla después en Mallorca y así contribuir a que pudiera empezar de nuevo.
Meses después, aquel gesto solidario ha terminado teniendo un recorrido inesperado. Esta misma semana, Álvaro contaba que, gracias al dinero recaudado con la venta de su miel, la ONG pudo preparar una comida especial para los niños de una escuela de Gaza, “cuando algunos grupos de poder quisieron exterminarlos de hambre”.
Mientras en Felechares todavía intentan “digerir que estos montes fueron destruidos para siempre”, como explica el propio apicultor, resulta inevitable pensar en lo que sucede “a apenas cuatro horas de vuelo de aquí”. Y, más allá de la comida, lo importante era que esos niños supieran “que siempre quedan personas que se oponen a la barbarie”.
“Van pasando las semanas y, tras la destrucción de los montes, llegan momentos de agobio y ansiedad. Entonces recurro a ver sus fotos”, cuenta Álvaro. En ellas aparecen los niños de la escuela, que incluso en medio de la adversidad “siempre se ríen”.
Después de todo el dolor vivido este verano, el final de esta historia tiene algo de justicia poética. Porque, como afirma este joven apicultor desde Felechares de la Valdería, “merece la pena estar en el lado bueno de la historia”.
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