Hoy toca clase “de móvil” en el Ayuntamiento. Marisa, Merce y Eva charlan sobre el estado del Órbigo, que se ha desbordado. “Eso no es inundación”, comenta Nino, que lo ha visto mucho peor hace años. Su compañero Seni hoy no puede acudir, atendiendo la bodega, anegada por el agua.
Desde la ventana, unos y otras aprovechan para sacar alguna foto con el móvil. Lo hacen con soltura, no como hace unas semanas. Porque ahora, el teléfono ya no les da miedo. Hoy saben desbloquearlo, enfocar, guardar la imagen y hasta hacer una copia de seguridad. Precisamente gracias al curso que este día termina en Alija del Infantado.
La escena resume bien el espíritu del programa “Todo por aprender: Reto Rural Digital”, impulsado por la Fundación Orange para combatir la brecha digital, un fenómeno que afecta con especial intensidad al medio rural y a las personas de mayor edad. El objetivo es sencillo y ambicioso a la vez: perder el miedo al smartphone y aprender a utilizarlo con seguridad y autonomía.
El Ayuntamiento de Alija vio la oportunidad y puso en marcha la iniciativa con una respuesta inmediata de los vecinos. Tras la finalización del segundo curso, el balance es claro: la tecnología ya no impone tanto.
Marisa Astorga lo explica con sinceridad: “Yo no tenía ni idea y este curso me vino muy bien, porque muchas veces cogemos el móvil y no sabemos cómo funcionar… y nos vemos paralizadas”. Se ha mudado recientemente desde la ciudad a Navianos y destaca que, además de aprender, el taller le ha servido para integrarse: “Es una manera de socializar y conocer gente”. Tiene claro que quiere continuar.
Porfirio Herrero coincide en esa petición y, entre bromas, insiste en llamar “profesora” a Esther, la formadora, que le pide que no lo haga mientras sonríe. El “buen rollo” ha sido una constante en todas las sesiones.
“Yo no sabía ni mandar un WhatsApp”, confiesa Nino, evidenciando el punto de partida de algunos participantes. Angelines, por su parte, asegura que siempre había oído hablar de “la nube”, pero desconocía todo acerca de esta tecnología: “Sabía que existía la nube, pero no cómo funcionaba”. Ahora sabe hacer copias de seguridad y muchas más cosas, que resume con una frase: “Le perdí miedo a manejar el móvil”.
Y es que durante el curso básico y el avanzado han aprendido a desbloquear el teléfono cuando se queda bloqueado, a no contestar determinadas llamadas, a evitar enlaces sospechosos, a identificar noticias falsas, a realizar copias de seguridad en la nube, a hacer videollamadas... Multitud de herramientas para ganar autonomía y seguridad en un entorno cada vez más digital.
La formadora, Esther, que se desplaza desde León para impartir estos cursos, se quita importancia y destaca la implicación del grupo. “El mérito es de ellos”, insiste, resaltando su interés y su constancia. Explica que el programa incluía ocho horas repartidas en tres días, pero en Alija la experiencia se amplió: “Aquí son tan cañeros que hemos dado hasta seis sesiones”. También le ha sorprendido positivamente la participación masculina y recalca que en este municipio los alumnos “se involucran mucho”. “Aquí estoy súper encantada”, asegura.
Todos quieren repetir. Pero va a ser complicado ya, porque el programa de la Fundación Orange –que beneficiará a más de 7.300 personas este año en pequeños pueblos de toda España– concluye en marzo.
Si hay más convocatorias, sin duda Alija se apuntará de nuevo. Porque esta experiencia ha dejado mucho más que conocimientos técnicos: deja vecinos más seguros, más conectados y más conscientes de que la tecnología, en lugar de aislar, puede convertirse en una herramienta para reforzar la vida en. Y, sobre todo, deja la constatación de que nunca es tarde para seguir aprendiendo.
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