Maire recupera la vida de su bar con una fiesta de los 80 y ambiente para todo el año

Las nuevas gerentes preparan eventos para los fines de semana, para atraer diversión a la zona
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Sandra, Cristina y María, ataviadas con la moda de los 80, en la fiesta de inauguración

El bar de Maire de Castroponce vuelve a tener las persianas arriba, y esta vez es para quedarse. Kristina Vila y su hija Sandra han tomado las riendas del establecimiento con el compromiso de mantenerlo abierto durante todo el año, devolviendo al pueblo su único y gran punto de encuentro vecinal.

 La aventura arrancó por San Isidro, pero este fin de semana llegó la verdadera puesta de largo con la inauguración con una fiesta de los ochenta que llenó el local de música de la época, melenas cardadas y ropa de lo más ochentera. Para animar el cotarro, cada consumición incluía una rifa para el sorteo de un viaje Smartbox para dos personas, y los que acudieron disfrazados se llevaron el doble de papeletas.

Detrás de la barra y los fogones se respira pura ilusión y, sobre todo, mucha responsabilidad. Kristina y Sandra son conscientes del papel social que juega un bar en un pueblo pequeño, y por eso se toman muy en serio el ser el epicentro de la convivencia local. “Queremos hacer las cosas bien, ponernos en el pellejo de la persona que viene al bar. Somos el bar del pueblo y nos lo tomamos muy en serio”, confiesa Kristina. El negocio se sustenta en una compenetración perfecta; Sandra, que lleva la hostelería en las venas, es la “dueña” de la barra, mientras que Kristina se encarga de dar vida a la cocina.

La propuesta gastronómica llega con un toque muy original. Además de cuidar al máximo la calidad del café —con una carta que incluye especiales como el Irlandés, el Canario con licor 43 o el cremoso Aerocano—, han diseñado una carta de comidas bautizadas con nombres de oficios de toda la vida. Así, en su menú se pueden leer bocadillos como El Jornalero, El Capataz o La Hortelana; sándwiches como El Aprendiz o La Boticaria; hamburguesas como La Artesana o El Leñador, y pizzas como  La Molinera o El Arriero. Pero el verdadero fuerte diario son las tapas: Kristina mima cada plato ofreciendo siempre una buena tortilla de patatas y algún guiso tradicional de la zona, alternándolos con tapas innovadoras porque le encanta probar cosas nuevas.

 

Eventos para dinamizar la vida del pueblo

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La acogida en el pueblo está siendo espectacular

Los planes para el futuro pasan por mantener el vecindario muy activo mediante eventos los fines de semana “para que haya un lugar de reunión y darle un poco de vidilla al pueblo”, detalla la hostelera, quien planea organizar desde juegos y sorteos hasta nuevas fiestas temáticas y concursos de disfraces donde la gente se implique y se lleve premios.  De hecho, todas estas citas y novedades se irán anunciando puntualmente a través del perfil oficial de Instagram que acaban de estrenar (@bardemaire) para mantener informada a la clientela.

Por ahora, la respuesta del entorno está superando las expectativas: “La acogida es muy buena. La gente se vuelca muchísimo, nos tratan muy bien, se ofrecen para todo lo que necesitemos”. Un respaldo que también han encontrado en el Ayuntamiento, del que aseguran que “responden a todo muy rápido y muy bien, es impresionante”.

Con los pies en el suelo y los ojos puestos en la comarca, las nuevas responsables no ven a los pueblos vecinos como rivales, sino como aliados. Su idea es hacer piña y fomentar el movimiento en una zona donde el coche es imprescindible, imaginando rutas de bar en bar que unan a Maire con Coomonte, Fresno, Pobladura o incluso Alija del Infantado. “Si voy a tomar algo al bar, que sepa que al lado tengo otro, y otro”, argumenta la gerente. Para demostrar que buscan sumar y no pisarse los talones, han fijado su día de cierre los martes, dejando vía libre los lunes al descanso del bar de Coomonte. Maire ya tiene su punto de reunión, y Kristina y Sandra ya se sienten como en casa.

 

Fiesta inaugural

 

 

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