El reconocimiento tiene un sabor especial cuando llega a rincones que parecen olvidados en esta España vaciada, pero cuya dimensión histórica es inmensa. Es el caso de Maire de Castroponce, que haceu nos días recibió la visita de Juanjo Villoria y Chuso Franco, los nombres detrás del proyecto Reinudellion.eu, quienes visitaron la localidad con ganas de conocerla, tras haberse encumbrado el pasado año como “El Pueblo del Reino” en su popular concurso en redes sociales.
Para Juanjo y Chuso, dos entusiastas de la región leonesa procedentes de Valencia de don Juan, este proyecto —nacido durante e confinamiento de 2020— no es más que una declaración de amor a su territorio. Su visita a Maire, a pesar de una meteorología tormentosa, fue un ejercicio de descubrimiento que comenzó en el bar, punto de encuentro donde Kristina y Sandra ejercieron de primeras anfitrionas bajo la sombra del mayo. Con sus 26 metros y medio, instalado hace solo una semana, el chopo preside la plaza como un símbolo de resistencia que, como bien apunta la alcaldesa con su característica retranca, ya quisieran para sí otros pueblos vecinos, “que ni a pulso lo suben, aunque te digan lo contrario”.
La visita se convirtió pronto en un recorrido por la memoria local. Junto a la teniente alcalde, Cristina García, y la propia regidora, Evangelina García Cordero, el relato se detuvo en un hallazgo casi milagroso: el arca de las tres llaves. Una pieza de la época de los Reyes Católicos que estuvo a punto de acabar en la hoguera por el desconocimiento de su valor, y que solo la intervención del ex secretario Modesto logró rescatar. En el interior del Consistorio, entre libros manuscritos del siglo XVIII encuadernados en piel o tripa, la alcaldesa desgranó una historia que es, en esencia, la de todo el pueblo: la de rescatar lo que otros dieron por perdido.
El trayecto continuó bajo los cielos grises –que dieron una pequeña tregua– hacia la Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora. Allí, el retablo barroco y la singular imagen de la Virgen de la Leche, así como una talla de Santa Ana que sugiere un origen románico, centraron las miradas. La alcaldesa, haciendo gala de su perspicacia, lanzó al aire la sospecha de que, oculto tras el barroco, podría esconderse un retablo aún más antiguo. Por su parte, Cristina puso el foco en el artesonado mudéjar, un elemento que el municipio aspira a integrar en la ruta de la Vía de la Plata, estableciendo sinergias con el Centro de Interpretación de la Carpintería de Armar de Valcabado del Páramo.
La jornada continuó con la subida al campanario, puesto a prueba por Chuso, para finalizar con un paseo hacia la zona de los huertos rodeados de sus peculiares muros de piedra que definen el paisaje de Maire, un entorno que el barro impidió recorrer en toda su extensión hasta la orilla del río.
Entre bromas sobre los “propietarios” de la Vizana —reivindicando su pertenencia a Maire y Altobar frente a las pretensiones de los vecinos de Alija—, la visita dejó un poso de gratitud mutua. Juanjo y Chuso se marcharon con la promesa tácita de regresar, ya sea para disfrutar de la romería de los pendones o para seguir escudriñando los secretos de este rincón zamorano.
Maire de Castroponce, con sus 140 habitantes, ha demostrado que la relevancia no se mide por el número de vecinos, sino por la capacidad de mantener viva la historia cuando los focos, a veces, se olvidan de mirar hacia los pueblos pequeños.
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