El repentino fallecimiento, el pasado viernes, de una mujer de 48 años en la cafetería de la estación de servicio de Alija del Infantado tiene consternados desde entonces a los vecinos no sólo de este pueblo, sino de muchos otros de alrededor. La tristeza se dio la mano con la indignación ante un suceso que continúa en boca de todos. Indignación porque hasta seis personas –incluidos familiares– llamaron al 112 explicando lo sucedido, pese a lo cual el primer recurso de Emergencias Sanitarias –en este caso, un helicóptero– no llegó hasta 40 minutos después. La ambulancia, una UVI móvil, tardó casi una hora.
Los hechos sucedieron pasadas las seis de la tarde, cuando la mujer, vecina de Alija y muy querida por todo el pueblo, dijo encontrarse mal, para a continuación desplomarse. Desde el primer instante, tanto los propios responsables de la gasolinera como familiares y otros testigos dieron aviso inmediato al 112, comenzando una espera que se hizo muy larga.
Hasta la llegada de los servicios de emergencias sanitarias fueron los propios vecinos del pueblo los que practicaron a la mujer maniobras de reanimación cardiopulmonar, intentando igualmente que recuperara el pulso con un desfibrilador semiautomático, sin éxito.
Eran las 18.45 cuando llegó el helicóptero con base en Astorga, procediendo a monitorizar a la mujer con una máquina de soporte vital. Unos diez minutos más tarde llegaba la ambulancia, desde Benavente, que permaneció un tiempo más intentando recuperarla, hasta certificar su fallecimiento sobre las 19.20 horas, tras lo cual los responsables de la estación de servicio decidieron resguardar el cuerpo sin vida mediante un biombo, algo esencial ya que el juez no llegó para el levantamiento del cadáver hasta las diez de la noche.
Además de la consternación y lágrimas, así como el respeto de todo el pueblo, el enfado por el retraso de los servicios de emergencia era el tema de conversación. “Quieren que vayamos a vivir a los pueblos, pero luego si te da un infarto, dejan que te mueras”, manifestaba visiblemente irritado uno de los testigos. “He llegado desde Benavente en doce minutos por la autovía... ¿Cómo es posible que la ambulancia haya tardado una hora?”, se preguntaba una familiar de la fallecida.
Desde este medio, hemos intentado arrojar un poco de luz para entender el retraso en la llegada de los servicios de emergencias sanitarias. Desde el 112 explicaron que el aviso, desde que recibieron la primera llamada, fue inmediato, ya que disponen de un sistema a través del cual, aunque se siguen formulando preguntas por teléfono a la persona que llama, el aviso a Emergencias Sanitarias se da al momento por un chat interno.
Ante estas declaraciones, el mismo lunes se solicitó información a la Consejería de Sanidad, responsable de Emergencias Sanitarias, pero tras varios días de espera, la única respuesta recibida ha sido que están recabando datos sobre el caso.
Esta falta de explicaciones oficiales confirmaría la precariedad de medios que denunciaron recientemente los trabajadores. Al consultar la web de la Consejería para ver qué recursos hay realmente en la zona, se puede comprobar que en La Bañeza solo hay una ambulancia medicalizada y una de soporte vital básico para toda su área. Benavente cuenta con tres: una UME, una de transporte interhospitalario y otra de soporte vital básico. Personal del sector sanitario que prefiere mantenerse en el anonimato por razones obvias señala que esta dotación es insuficiente: “Si hay varios sucesos graves de forma simultánea, no tenemos medios. Y nos hemos cansado de repetirlo”. Esta situación de “colapso” ya fue advertida el pasado diciembre por el sindicato UGT en León, señalando que las ambulancias de la zona de La Bañeza y Astorga llegaban a realizar mil kilómetros por guardia durante 14 horas seguidas.
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