Maire de Castroponce ha demostrado este martes de Carnaval que la voluntad de un pueblo no se mide en habitantes, sino en compromiso. Pese a las recientes inundaciones, un grupo de vecinos jubilados respondió a la convocatoria de la “yera” para podar rosales y limpiar las ramas caídas tras el temporal. Maire mantiene así viva una costumbre comunitaria que se extingue en la comarca.